EL JOVENCITO MARIANIN
La luz cenital, de pureza extrema, se extendía como el manto bordado de una virgen sobre la mesa del quirófano del Hospital "Esperanza nuestra".
Alrededor de la mesa las doctoras Sor Aya de María y Sor Dolor de la Mancha de blanco impoluto alzaron sus miradas hacia la luz que pareció refulgir con especial intensidad sobre sus rostros y musitaron una sentida oración.
- Comencemos –dijo Sor Aya de María – no hay tiempo que perder. El futuro está en nuestras manos.
De entre unos cubos blancos, extrajeron, primero un cuerpo y después un brazo.
- Sor Aya – dijo Sor Dolor de la Mancha – el brazo no es del mismo color que el cuerpo.
- No importa, es lo que hay. Lo importante es el futuro de la nación. El resto del mundo tiene sus ojos puestos en nuestro buen hacer.
- Ya, pero …
Cosieron, pegaron por aquí y por allá, recortaron sobras, subieron sisas, estiraron pliegues, ajustaron retales hasta completar la totalidad.
- Sor Dolor de la Mancha, hay que intentar que no se noten las costuras y nos digan que hemos hecho una chapuza. Tiene que parecer imprescindible, necesario, la única alternativa al futuro. Hemos de convencer al pueblo que es el mal menor.
- Habla un poco cezoso, y con esta barba hirsuta, no sé …
- Sor Dolor, nosotras estaremos a su lado y todo saldrá bien. Avise al resto de los doctores. Si este modelo funciona, seguiremos recortando y pegando por el bien del país.