La muerte de un niño pequeño – César – de manera violenta es
el arranque de esta novela. Su muerte y lo que ella ocasiona en sus padres, en
el más estricto sentido psíquico.
La novela nos lleva a través de las reacciones que la muerte
del niño y la falta de culpables suscita en los padres — Patricia y Fernando — y en un tercer personaje: un comisario a punto de la jubilación,
embobado de los encantos de Patricia, a quien hace seguir, convencido de su
culpabilidad. Un personaje decrépito y triste intentando quemar los últimos cartuchos
como policía y como hombre.
Patricia, la
madre, decide aceptar la tragedia como inevitable y, poco a poco, comienza a
rehacer su vida lejos de Fernando, de quien acaba separándose. Algo también
inevitable ya que el matrimonio, como tantos, se había convertido más en una
rutina que en una convivencia deseable. Su vida se va abriendo a nuevos
horizontes hasta descubrirse ella misma a través del sexo.
Por el contrario,
Fernando, se encerrará en sí mismo, incapaz de asumir la realidad, lo que le
conducirá hasta un psiquiátrico. La obsesión por la muerte de César le va
conduciendo a la necesidad de buscar un culpable. Se obliga a rebuscar en su
mente personas cercanas y no tanto que hayan podido odiarle tanto como para
matar a su hijo. El círculo se va cerrando lentamente hasta llegar a Patricia.
Carlos Manzano ha
sabido describir con precisión los sentimientos de ambos personajes, cuyos
relatos se van alternando en capítulos, provocando en el lector tanto la
sensación de angustia y obsesión de Fernando, como la recién encontrada libertad
de la madre que, aunque pueda parecer, según su ex marido, una mujer fría,
calculadora, insensible y brutal, no es sino la reacción lógica de alguien que
sabe que tiene que seguir viviendo, alguien que nunca va a recuperar a su hijo,
alguien que quiere salvar su propia vida.
En resumen, una buena novela corta que se hace demasiado
corta.
Lo que fue de nosotros
Carlos Manzano
Ediciones Nuevos Rumbos