Algunas veces tengo la impresión
de que si una novela no mide cuatro centímetros de ancho y pesa unos cuantos
gramos y trata de temas esotéricos, pseudo históricos o semejantes, la gente no le presta ninguna atención. Hay, sin embargo, novelas cortas, esas que miden un centímetro de
grueso y apenas pesa, que son mucho más dignas de ser leídas y tenidas en
cuenta que aquéllas otras que aparecen en los mostradores de las grandes
librerías. Estoy convencida de que no hacen
falta tantísimas páginas para relatar una historia, ni hacer una gran semblanza
de los protagonistas.
Y esto es lo que nos encontramos
en LA MEMORIA DEL GINTONIC, de Antonio Baéz.
En 107 páginas, Antonio nos mete
de lleno en la vida de Eulogia, una mujer viuda que se apunta a un curso de
narrativa para escribir la novela de su vida antes de que el Alzheimer se lo
impida. Y, a través de esas páginas, vamos conociendo a su familia: su hijo
Carlos, su nuera Julia a la que, como corresponde como suegra, no tiene
aprecio. No puedo negar que me ha divertido la mala leche que despliega Eulogia
, con la que, sin querer, he empezado a
identificarme. Otro de los personajes imprescindibles es Palmira, la chica
caboverdiana que trabaja en casa de Eulogia, la negra que llegó en patera a España,
y que le cuenta a Eulogia, o ella se lo inventa, los valses que bailaban por
las noches durante las cenas con el capitán. Teresa, la hermana fantasma de
Eulogia que aparece y desaparece a su antojo y la otra hermana, Esperanza,
presidenta de una comunidad autónoma.
LA MEMORIA DEL GIN TONIC no es
una novelita, es una novela, corta, pero novela, muy bien escrita, en la que
Antonio nos lleva por los vericuetos de la memoria, unas veces lúcida y otras
casi perdida, de Eulogia. Una novela humana, puesto que así es Eulogia.
Divertida ya que los años nos otorgan la capacidad de reírnos de nosotros
mismos y de los demás sin despeinarnos. Tierna, con la ternura que nos
transmite Eulogia con sus recuerdos, sus deseos ocultos, que se entremezclan en
las conversaciones con su hijo o con Palmira. Y profunda ya que Antonio Baéz
aborda el tema de la pérdida de la memoria y de la identidad con delicadeza, de las relaciones familiares y de la vejez sin
llegar en ningún momento a la superficialidad.
Reitero lo dicho en el primer
párrafo. No debemos confundir grosor del libro con intensidad de lectura y
mucho menos con calidad.
Si tienen oportunidad, compren LA
MEMORIA DEL GINTONIC que viene acompañada de dos relatos EL REGALO y EL
BANQUETE
Editorial Talentura.
.

Elena, coincido contigo en que una novela no se debe medir por su tamaño sino por su calidad. Hay muchas novelas cortas que superan a sus hermanas mayores, y muchos escritores "menores" que son de más calidad que los comerciales. Pero por desgracia el negocio está así montado. Sobre la novela que comentas, tiene buena pinta, la buscaré. Me encanta el titulo.
ResponderEliminarUn abrazo grande.
PD: Me alegra que acertara en tu imagen del otro día. No suele ocurrir. Ah y sabiendo que has nacido en Ruzafa ya se entiende todo. Siempre ha habido mucho arte en ese barrio.
Hola Elena, me ha gustado tu apreciación sobre el tamaño de las novelas. Deben ser incontables la cantidad de paginas editadas que no dicen nada, que no cuentan nada, que simplemente rellenan.
ResponderEliminarNo sé si esto o lo otro es más o menos comercial como dice el anterior comentario, pero no me creo mucho lo que quieran contarme. Qué cantidad de infumables, generalmente puros habanos gordos, de buen lomo. Triste.
Saludos
Gracias por la reseña Elena.
ResponderEliminarNosotros consideramos que la novela corta no es un género menor, sino un género que tendría que tenir su sitio bien ganado. Tanto "La memoria del gintonic" como "Tribulaciones de un sicario" dan muestra de ello.
La leeremos, obviamente.
ResponderEliminarQuerida bonita, buenos días!!
ResponderEliminarNo voy a leer lo que has escrito, porque cuando reciba el libro, haré mi propia reseña.
Hoy tenemos SOL!!!
Besos
Antonio escribe muy bien y es una hormiguita en esto de la escritura, habrá que hacerse con el libro.
ResponderEliminarY yo que le atribuía al gintonic la inminente pérdida de memoria...
ResponderEliminarAbsolutamente de acuerdo, Elena: cantidad no es sinónimo de calidad. Existen historias bien o mal escritas, con independencia de su extensión.
ResponderEliminarMe quedo con el nombre de Antonio y con el título por si la veo.
Un abrazo.
Cantidad no es sinónimo de calidad. Por tanto me apunto tu recomendación para leerla.
ResponderEliminarBesitos
Muchas gracias, Elena.
ResponderEliminarElena, dado que he comprobado que aconsejas muy bien y que h eleído muy buenos relatos de Antonio en La Nave y otrso sitios, me lo anoto.
ResponderEliminarSus cribo lo que dices sobre tamaños y contenidos.
Abrazo
Rosana
Justo estoy con ella. Voy por la página 30 o así y tiene muy buena pinta
ResponderEliminarElena, desgraciadamente la literatura impresa, convertida en un elemento mas de consumo, va directamente unida a la imagen y la mercadotecnia. Libro gordo, tapa dura, imagen atractiva y campaña publicitaria son sinónimo de grandes ventas, no siempre de calidad. Yo creo que cada día me hago mas mayor, y cada vez disfruto mas con esas novelas cortas, como ráfagas, como relámpagos que pasan y te dejan un poso, una luz...llevo poco por aquí pero veo que tus recomendaciones son apreciadas..."allá donde fueres haz lo que vieres", me lo apunto y lo leeremos.
ResponderEliminarUn abrazo.
El título es ocurrente y la historia, muy actual. Me han entrado ganas de leer la novela.
ResponderEliminarHabrá que encontrarle un hueco.
Besos.
Talmente de acuerdo. Lo de bueno si breve dos veces bueno se tiene poco en cuenta y lo corto o pequeño se asimila a de baja calidad cuando lo contrario suele ser lo verdadero.
ResponderEliminarCuando la vea en la librería me acordaré de ti.
ResponderEliminarBesos