sábado, 29 de octubre de 2011
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Jajaja Elena pero que bien lo has descrito. En muchas ocasiones te dan hasta un abuelazo...Pero la sonrisa más que de plástico es una mal disimulada pena.
ResponderEliminarBesos desde el aire
He de reconocer que en una primera lectura me provocó una sonrisa maliciosa. En la siguiente, todo lo contrario, vi la pena de esta sociedad actual a la que parece que molesten sus mayores.
ResponderEliminarMuy bueno.
Un saludo indio
Estoy con Comments... es que hay mucha pena metida en esa sonrisa de plástico...
ResponderEliminarbesicos
Me ha dejado pensativo al principio, un poco desorientado. Ahora sí, triste de cojones.
ResponderEliminarMagnífico retrato de una realidad que nos oprime: Nos apoyamos en nuestros mayores hasta que dejan de sernos útiles, entonces nos los quitamos de en medio, eso si, de forma elegante.
ResponderEliminarUn micro redondo.
Un abrazo, compañera.
El juego del verano, de los puentes, de las Navidades. Bueno, no. En diciembre quizá caiga una visita más larga, que hay que ser buenos una vez al año.
ResponderEliminarGran relato, Elèna.
Besos.
los niños siempre saben describir literalmente lo que los mayores hacen. Al despojarlo de dramatismo el efecto que produce en como una piedra justo en la frente.
ResponderEliminarEs perfecto, querida Elena.
Abrazos.
Jo, Elena, me has dejado de piedra... pobre abuelo!
ResponderEliminarAunque si salen corriendo, mejor así.
Un abrazo
Elena, el principio creí no haberlo entendido. Después tampoco. Lo releí, la señora vestida de blanco me indicó el camino, la silla, la bolsa...me desorienta el título.
ResponderEliminarTriste, triste...como la vida misma
Descolocada me quedo en un principio, después triste, es un micro de impacto.
ResponderEliminarBesitos
Tan efectivo como un gancho a la mandíbula.
ResponderEliminarMuy duro y real en los tiempos que corren.
ResponderEliminarAbrazos blanditos.
Rosa. Gracias. No te extrañe que la sonrisa plastificada sea de tristeza.
ResponderEliminarNo Comments. Igual dejamos un perro que un abuelo. Todo nos molesta
Belén. Con toda seguridad, hay mucha pena
Sergio. Bueno, he conseguido lo que pretendía.
Esperanza. Es la pena de hacerse mayor.
ResponderEliminarGracias. Un abrazo compañera
Juanjo. Una vez al año, Juanjo, al menos. El resto, ya sabes
Gracias
Isabel. Muchas gracias.
Abrazos también para ti
Anita. Pues sí, pobre abuelo. Mejor que salgan corriendo.
Xavier. El título tiene toda la ironía posible.
Elysa. Pretendía que fuera de impacto.
ResponderEliminarBesos
Francisco. Gracias, me alegra tu comentario
Lola. Duro y real.
Abrazos blanditos también para ti
"Llamar a un timbre y echar a correr": ¿quién no lo hizo de niño alguna vez?
ResponderEliminarPero claro, en este caso creo que has conseguido que todos releyéramos el título al terminar el micro... Lo de divertido se convierte casi en macabro.
Retrato de una triste realidad de nuestros días. Sueltas al vejete en el asilo y a correr.
ResponderEliminarMuy bueno, Elena.
Un abrazo.
Sí, pena en esa sonrisa y en toda la escena, que hace significativas muchas en muchos lugares.
ResponderEliminarUn abrazo
Esa es la extraña vida, como un escenario que todos compartimos y que se ve tan diferente en función del ángulo con el que se observe.
ResponderEliminarBrillante descripción de este 'teatrillo' que llamamos vida.
Saludos.
Yo también pienso que es efectivo como un directo a la mandíbula.
ResponderEliminarY es que la mordacidad y la ironía es l amejor forma de abordar estos temas.
Un abrazo...
Ya queda menos... nerviosa?
Rosana
Estaré un poco lerdo hoy... pero no lo he pillado.
ResponderEliminarEstaré un poco lerdo hoy... pero no lo he pillado.
ResponderEliminarTiramos todo lo que ya no nos resulta útil. Y en ese desprendernos de lo viejo no nos detiene nada. Pero preferimos que lo que tiramos no nos mire a la cara, no sea que en sus ojos nos veamos reflejados.
ResponderEliminarMuy bueno
¡Buf! ¡Qué triste! Y a éso llegamos todos si no morimos antes...
ResponderEliminarCon pocas frases has descrito el problema tan triste de la vejez.
ResponderEliminar¿Cómo será la nuestra?
Un abrazo fuerte amiga, desde mi Librillo.
Me gusta tu blog, me agrego a tu lista, con tu permiso.
Al final, la vida de quienes tanto han vivido (por nosotros) se ve reducida a un intercambio tan mecánico que en cualquier momento podría trastocarse sin que nadie, quizá, se diera cuenta: llamar a una silla, que salga un timbre vestido de blanco, colgarse al abuelo del hombro y empujar una bolsa, ser sonrisa que corre mientras él duerme…
ResponderEliminaren una primera lectura me ha pasado como a Miguel. Luego ya sí, luego he recibido el impacto en el mentón.
ResponderEliminarCoincido con el análisis de Araceli. Es un micro feroz. Enhorabuena, Elena.
ResponderEliminarSaludos cordiales
Quiero jugar así. Volver a jugar.
ResponderEliminarMe encantan tus microrelatos, ya lo sabes, pero me gusta repetirte.
Besos.