viernes, 30 de abril de 2010

SE TRASPASA

Si sigo a esta marcha, voy a tener que poner este cartel en el blog.
No sé qué me pasa que se me escurre el tiempo entre las manos.

Como decía alguien en mi casa: "siempre me tengo alguna puta que confesar" y cuando ya está confesada, absuelta y de regreso a su oficio, estoy más cansada que ella.

En fin .... que sigo aquí aunque como ausente.


viernes, 9 de abril de 2010

NOVELAS DEL OESTE



Silver Kane cabalga de nuevo. He leído en una revista esta tarde.


Silver Kane es un pseudónimo que trasladó con sus novelas a miles de españoles al lejano Oeste norteamericano. Durante el franquismo los ejemplares baratos firmados por él volaban de los kioskos. Pero ese pseudónimo y ese éxito escondían una triste realidad: la de un autor apremiado por necesidades alimenticias y crucificado por la censura, que debía vender su pluma al mejor postor.


Al leer la noticias he regresado al pasado, no tan lejano como podría parecer.
En mi casa siempre ha habido libros. Solían ser de mi hermana a quien yo se los quitaba para poder leerlos.

Aunque también teníamos una colección de novelas del Oeste porque mi padre era un gran aficionado a este tipo de historias. No sé qué ha sido de la colección que tenía de Zane Grey. Supongo que se la llevaron junto con los muebles.


Pero lo normal en aquellos tiempos del franquismo no era comprar los libros. No había tanto dinero entonces como para formar una gran biblioteca. Lo más habitual era ir al kiosco — paraeta, decimos en València — y cambiarlas por otras cuando ya las habías leído.
Mi padre las devoraba. Se reía, se indignaba y, sin darse cuenta, formaba parte de la tropa de vaqueros que cabalgaban por las praderas del duro Oeste americano, aunque esos paisajes estuvieran descritos desde aquí, desde una mesa en cualquier rincón de una ciudad española.


Cuando ya se había leído tres o cuatro, las envolvía en un papel de periódico y me mandaba a la paraeta de la esquina a cambiarlas por otras tantas. Así, teníamos, digo teníamos porque las novelas pasaban por varias manos en casa, lectura para unos cuantos días.



Recuerdo ahora los escritores que desfilaban por sus manos. Aparte de Zane Grey, leía a Marcial Lafuente Estefanía, a José Mallorquí y a Silver Kane – Francisco González Ledesma, que ahora vuelve a publicar con el seudónimo pero sin tener las necesidades acuciantes de aquellos tiempos pasados.




lunes, 5 de abril de 2010

ELEFANTIASIS - Raúl Ariza

Escribir relatos cortos es una obra de filigrana, la construcción de una artesanía que te debe ir dejando con la sorpresa encogida en las comisuras de la boca.
Un libro debe dejarte poso en la memoria y regusto en el paladar. Y éste, es uno de ellos.

He leído ELEFANTIASIS sin ninguna prisa, como me gusta leer los relatos, sin dejar que ninguna palabra, ni un solo giro, ni una sola señal me pudiera despistar de su lectura. La mayoría de ellos en el entorno que ustedes ven.

Los relatos hablan de gente normal, como usted o como yo, con las carencias afectivas, las decepciones diarias y la soledad que se esconde en cualquier rincón del corazón, en cada recodo de camino cotidiano. Gente a la que miramos, hablamos y conocemos de vista o en cercanía. Armarios llenos de mugre que se abren en la más estricta intimidad. Algún que otro rayo de luz que, de repente, se apaga.



La concisión es una de las características de la escritura de Raúl. Sin detenerse en detalles nimios, concentra la narración a través de adjetivos estratégicamente colocados para, de un vistazo, podamos conocer al protagonista del relato.

La otra característica es la elipsis. Lo que no dice, lo que no cuenta y que deja a la imaginación del lector pero, sin olvidar, de que la historia está ahí. Los rasgos principales y que no se dejan ver están por debajo de lo escrito. Y esto es difícil de hacer. Pero Raúl lo borda.
Si en algún momento ha pensado (que lo sé) que parece un intruso en este mundo literario, agregaría que intrusos haylos, convencidos de que son escritores. Eso es lo malo.


Poco más voy a agregar porque todavía estoy paladeando la lectura, excepto que se lean ustedes el libro. Vale la pena. Es un gran descubrimiento y, sin duda, un escritor prometedor.

P.D. No se olviden del prólogo de Francisco Machuca.
Ni de atender bien a las ilustraciones de Carmen Puchol.

GRANDES MICRORRELATOS 2011