jueves, 28 de enero de 2010

TRISTE

Es mi cuerpo tan escuálido, cual modelo de alta costura, que ni espacio tengo para los ojos.
Se diría que mi esbeltez es fruto de horas y horas de contorsión.
Tengo una gemela opuesta en el espacio y también en la figura. Yo camino boca arriba y ella lo hace boca abajo.
El punto que me guía te dará mi situación.
Mi vida es una continua pregunta, una curiosidad constante que mi gemela se encarga de reforzar. Para eso comienzo yo y ella termina.
Soy necesaria para robustecer deseos, anhelos, ansias o temores.

En algunas lenguas ni siquiera existo y en otras, como en ésta, mi vida comienza a carecer de sentido. Sólo mi gemela y opuesta es necesaria.

No es, acaso, más rotundo decir las cosas así:

¿Ya no me amas? Que así: Ya no me amas?


¿Por qué, me pregunto, me desterráis al olvido?

domingo, 24 de enero de 2010

DIDO, REINA DE CARTAGO .Isabel Barceló Chico


La historia, como muchos ya saben, es la huida de la reina Dido de la ciudad de Tiro con un puñado de fieles súbditos para evitar la muerte a manos de su hermano Pigmalión, tras el asesinato de Siqueo, su esposo. De esa manera, evitar también que Pigmalión se apodere del tesoro del templo, custodiado por Siqueo, y del trono de Tiro lo que desembocaría en una guerra civil.
La huida les lleva a recorrer casi todo el Mediterráneo buscando el lugar más adecuado para crear una nueva ciudad, hasta que desembarcan en las costas del norte de África. Allí, mediante un acuerdo que denota la gran inteligencia de Dido frente a Yarbas, rey de Libia, se asientan y fundan Cartago. Cuando ya la ciudad está en proceso de crecimiento (los fenicios ya se pueden considerar cartagineses) aparecen en escena las naves troyanas, con el príncipe Eneas al frente, quienes, a su vez, huyen de Troya para fundar su propia ciudad. La historia nos narra los amores entre Dido y Eneas, con el tejemaneje de los dioses.
La historia está narrada por Imilce, una mujer casi anciana, fundadora de la ciudad de Cartago, nieta de Barce, que fue nodriza de Dido. Mediante su voz y la de Trilo, poeta troyano, hijo de Cirene la viajera, podemos leer la historia desde dos perspectivas diferentes: la de los cartagineses y la de los troyanos que arribaron a las costas de Cartago cuando huían de Troya.
Ante tantas novelas históricas, pseudohistóricas, con base histórica y relatos por el estilo, leer la novela de Isabel Barceló es un descanso. No es una novela histórica al uso cargada, o bien de exceso de documentación o de invenciones. Para mí es una novela llena de personajes vivos que te hacen revivir, con su discurso, tiempos pretéritos. Significa también la tranquilidad de que lo que estás leyendo está perfectamente documentado, ya que Isabel sabe de lo que habla, como nos viene demostrando constantemente en su blog Mujeres de Roma
La novela está muy bien estructurada, es ágil, fácil de leer. En ningún momento de la historia decae el ritmo ni el interés por saber qué va a suceder a continuación. Isabel sabe llevarnos a través de los acontecimientos con la sucesión de los hechos perfectamente encadenados, tanto en el pasado como en ese presente que nos narra la vida de Imilce y de los cartagineses que recuerdan a la reina Dido. El lenguaje es fresco, sutil y lírico, tanto en los episodios de guerra, como en los amorosos. Con ese lenguaje nos viene a recordar el papel fundamental de las mujeres en la historia, un papel, muchas veces olvidado. Porque finalmente la historia que permanece y que ha llegado hasta nuestros días es la versión de Eneas, no la de Dido, una gran mujer que luchó por su pueblo y que murió, de manera injusta, por los mismos principios: por no traicionarlos.
Una buena novela de la pluma de una mujer inteligente, culta, apasionada y con quien es un placer conversar. Y a quien, por supuesto, deseo toda la suerte del mundo en este mundo de escrituras.

viernes, 15 de enero de 2010

RETRATOS - (III)

Imaginemos un árbol grande, exótico, lleno de pájaros multicolores y una cacatúa.
Una cacatúa gorda, expansiva e inclemente.
La cacatúa aprendió a hablar y encontró que ese era su espacio idóneo. Subida a una rama parlotea sin cesar, llueva o truene hasta conseguir que los pájaros de su alrededor no osen piar. Es su verborrea la que impera en el árbol, su atronadora cháchara incesante con quien sea, con aquel que aguante su ritmo.
Tanto parloteo le resta tiempo para ganarse el alpiste. Pero no parece afectarle ni mucho ni nada. Sabe que lo tiene asegurado, de una manera o de otra alguien le proporcionará el alimento diario.
La cacatúa molesta, increpa, responde cuando nadie le pregunta, se entromete en las conversaciones de cualquier animal cercano o alejado, sin temor a ser reprendida o apartada con malos modales.
La cacatúa odia el silencio. Teme el silencio. No le importa si no tiene con quien hablar porque ella inicia una conversación consigo misma. Presientes su desconcierto mientras el silencio le rodea, porque se mueve en su rama de un lado para otro hasta que encuentra la víctima para su discurso.
La cacatúa no tiene penacho de plumas porque no es joven. Hace tiempo que lo perdió, pero eso es lo de menos. Ella camina por las ramas del árbol como si fuera suyo, como si todo el mundo le perteneciera. Aquí se detiene y pontifica. Allá se para y asevera de todo lo divino y humano con contundencia. Por aquí critica, por allá discrepa, imponiendo su razón.
Mientras, los pájaros silenciosos añoramos la sordera.
Nota: Hay cacatúas hembras y machos.

jueves, 7 de enero de 2010

ENTREVISTA A TRES AUTORAS VALENCIANAS

Mita, autora del blog Corrientes de agua y azahar
ha tenido la amabilidad de hacer una entrevista a tres bandas a tres escritoras, con blog propio y que compartimos, además de estas condiciones, una tercera: las tres somos valencianas.

Isabel Barceló
María García Lliberós
y a mí.


Isabel acaba de publicar su novela Dido, Reina de Cartago que está teniendo muy buena acogida.
María es una excelente escritora, con varios grandes premios y una larga trayectoria literaria.

La entrevista ha sido una grata experiencia que quiero compartir con todos vosotros.

lunes, 4 de enero de 2010

ULTIMA NOCHE EN GRANADA - Francisco Ortiz

Luis Castillo es un ex policía. Tras dejar el cuerpo se dedica a vigilante de obras.
Su vida transcurre entre la vigilancia nocturna, el descanso tras el trabajo y su vida con Beatriz. Una vida a salto de mata ya que ella está casada con Pablo. Su relación se basa en mensajes de móvil y las visitas que ella le hace a su piso. Una relación amorosa difícil pero que a Luis parece redimirle de todos los malos momentos de su presente y de su pasado.
Todo parece discurrir con la normalidad habitual hasta que un día los fantasmas dormidos vuelven a aparecer.
Y recuerda lo sucedido aquellos días, Pedro y él, las pistolas, los cargadores, la mirada acuosa de Pedro, su mano fría, que Eladio lo tenía todo planeado y que él sólo tenía que hacer su parte: un tiro de frente y a la cabeza. Los días posteriores a aquel suceso no hubo arrepentimiento, ni intranquilidad. Como Pedro repetía: Lo hemos hecho, a la mierda esos hijosputas. Hecho está.”


Sólo su madre, con su inteligencia natural, con una ternura que se transmite en unas pocas líneas, parece darse cuenta de que algo le ocurre a Luis, algo grave que transita por su cerebro sin darle salida. “Ese es el vacío, Luis, me decía con su silenciosa presencia, el vacío es algo que se ha cerrado dentro de ti, se ha quedado seco, escúpelo, escúpelo, escúpelo.”

La vida da una vuelta de tuerca cuando Beatriz, víctima de los celos y los malos tratos de Pablo, huye de su casa y se refugia en la suya, en él. Donde solo el amor es capaz de mitigar los hematomas del cuerpo y del alma, páginas descritas por Francisco con gran ternura, con el lenguaje adecuado para que cada uno se coloque en el lugar de Beatriz y en el de Luis.
Francisco consigue en esas páginas que sintamos el mismo asco y la misma rabia que puede sentir Beatriz ante el hombre que la ha maltratado, ante los recuerdos que Pablo le provoca y que debe contar en voz alta para que vayan desapareciendo.
Los acontecimientos se van sucediendo con rapidez y se siente el vértigo y la tensión de la emboscada que le han preparado a Luis. Las horas que transcurren casi frente a frente agresor y agredido. Hueles el humo del tabaco del matón que va por él, escuchas sus pisadas en el suelo descarnado y la muerte acechando entre las paredes del edificio vacío, como si jugaran al escondite, como Luis hacía con su hermano cuando eran pequeños.
Es el momento, a pesar de la tensión, de las consideraciones, de las reflexiones.

“¿A quién le he hecho yo bien? ¿A mi familia? ¿A Beatriz? ¿A mis semejantes?

Y todas las preguntas que subyacen en su interior, mezcladas con los recuerdos. ¿Es posible, a pesar de haber matado a un hombre, sin saber por qué, seguir siendo una buena persona? ¿Es posible la inocencia?
El desenlace de la novela nos dará la respuesta a tantas preguntas.
Una novela que se lee con rapidez porque necesitas seguir adelante, porque te mantiene en vilo, incluso deteniéndote en los pasajes más narrativos referidos a las relaciones entre Beatriz y Luis. Quieres saber más de él, de Luis, que vive acorralado por sus recuerdos desde el momento en que Julián Casamayor aparece de nuevo en su vida. ¿Por qué? ¿Qué sucedió? Y te vas dejando llevar por la escritura de Francisco hasta el momento del desenlace.
Como se dice en la contraportada, una novela no sólo entretenida, también tiene un trasfondo muy humano, alejado de la vacuidad.
Esperemos la siguiente novela de Francisco Ortiz.
P.d.: Descubrir autores desconocidos (para eso está el descubrimiento) es una gran aventura, un reto. Puedes equivocarte, por supuesto, pero ¿no nos sucede lo mismo, acaso, con los ya consagrados? ¿no compramos libros confiando en su buen hacer y nos encontramos con un fiasco?

GRANDES MICRORRELATOS 2011