
Dos hombres vestidos de negro, como expertos en funerarias y sepelios, entraron al palacio presidencial. Ningún guardia los detuvo, ningún funcionario les solicitó un pase ni una autorización. Aunque no sabían quienes eran, algo les decía que era mejor no preguntar.
Los dos hombres subieron la escalinata por el centro, como quien se sabe dueño de todo.
Llegaron, sin ningún problema, hasta la puerta del despacho presidencial.
Entraron sin llamar. El presidente se encontraba de pie, junto a la ventana que daba a la avenida principal de la capital del país, donde una masa vociferante le increpaba desde hacía días. Sentados a la mesa de reuniones se hallaba el consejo de ministros.
El presidente giró la cabeza y vio allí a los dos hombres. Nadie se sorprendió.
Ellos abrieron los maletines.
— Aquí está el dinero por el valor de la deuda contraída.
El presidente asintió. Los ministros asintieron.
— Usted seguirá cumpliendo con sus funciones de presidente, como si nada hubiera sucedido.
Él sonrió. No era mal trato.
No todos los días uno puede vender un país como si tal cosa.
Los dos hombres subieron la escalinata por el centro, como quien se sabe dueño de todo.
Llegaron, sin ningún problema, hasta la puerta del despacho presidencial.
Entraron sin llamar. El presidente se encontraba de pie, junto a la ventana que daba a la avenida principal de la capital del país, donde una masa vociferante le increpaba desde hacía días. Sentados a la mesa de reuniones se hallaba el consejo de ministros.
El presidente giró la cabeza y vio allí a los dos hombres. Nadie se sorprendió.
Ellos abrieron los maletines.
— Aquí está el dinero por el valor de la deuda contraída.
El presidente asintió. Los ministros asintieron.
— Usted seguirá cumpliendo con sus funciones de presidente, como si nada hubiera sucedido.
Él sonrió. No era mal trato.
No todos los días uno puede vender un país como si tal cosa.
El poderoso señor Don Dinero, como decía Quevedo.
ResponderEliminarAquel que dispone consigue, así nos ha ido y nos va.
Un saludo
Jesús
PD: Aunque las historias son totalmente distintas hemos coincidido en el título.
Pero si ya está ma´s que vendido... al menos este país...
ResponderEliminarBesicos
Si es una metafora dela situacion economica y politica de est nuestro pais te ha salido redonda y ademas extrapolable a muchos otros sectores, te diria unos cuantos pero noña no quiero poner a nadie mal cuerpo
ResponderEliminarSi es una metafora dela situacion economica y politica de est nuestro pais te ha salido redonda y ademas extrapolable a muchos otros sectores, te diria unos cuantos pero noña no quiero poner a nadie mal cuerpo
ResponderEliminarSuerte que no todos los días...
ResponderEliminarLo malo es que luego comenzaría a repartir ese dinero entre sus ministros y se irían todos por la puerta de atrás
ResponderEliminarEl dinero lo vale todo? todo lo compra? cada vez estoy mas convencida de que la respuesta es SI, y me entristece muchisimo.Que podemos hacer para cambiarlo? un abrazo.
ResponderEliminarYo me pregunto si de verdad hay alguien dispuesto a pagar por un país. Para cobrar y vivir a costa, conozco a varios.
ResponderEliminarEl dinero, en este mundo capitalista, es la capa podrida con que nos cubrimos. Buena imagen la que planteas en tu relato.
ResponderEliminarEl dinero, en este mundo capitalista, es la capa podrida con que nos cubrimos. Buena imagen la que planteas en tu relato.
ResponderEliminarY hasta existe reventa, lo que yo te diga.
ResponderEliminarUn abrazo
Hay paises que ya no se compran ni con dinero...
ResponderEliminarIgual aquí ha pasado eso mismo...
ResponderEliminarBrillante.
Besos.
Buen relato. Casi una metáfora premonitoria. Como dicen más arriba, aquí ya queda poco que vender.
ResponderEliminarUn saludo.
Paso rapidito a dejarte algunos "besets", que ya vi que preguntabas por mí.
ResponderEliminar:)
Es que ando realmente desbordada de trabajo. A ver si a partir de esta semana, la cosa empieza a virar hacia mejor.
En cuanto a "La deuda", me ha sobrecogido un poco, la verdad... Será por lo actual del tema.
besets, doncs.
Muy cierto, a veces se disfrazan de compañías transnacionales, inversionistas.
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