Leer la primera novela de alguien cercano, incluso sin conocerlo personalmente, es comprometido. El escritor quiere escuchar alabanzas y el lector puede encontrarse atrapado entre la amistad y la verdad, en el caso de que la novela no sea de su agrado. A nadie nos gusta escuchar que lo que escribimos no ha convencido a nuestros lectores.
No es este el caso de “La tinta azul de la memoria” de
Mariano VegaJacinto y Jonás son los dos personajes principales de la novela, escrita en primera persona y a dos voces, un dueto de tenor y bajo. No es que sea así, pero es cómo yo me lo he imaginado.
El tenor es Jonás (como Mariano en la vida real) y Jacinto es el bajo, por la profundidad de su existencia.
Dos situaciones: Una vida desaparecida, la de Jacinto, que se consume entre la hemiplejia y la amnesia y otra que sufre un giro por culpa de un accidente, la de Jonás.
Dos vidas que se encuentran en un hospital en Toledo donde esperan recuperarse del trauma para regresar a una realidad distinta en la que habían habitado. Jacinto no lo logra, Jonás sí. Y él decide escribir la vida de Jacinto como un homenaje al que fue su amigo, aunque fuera durante un corto tiempo, y como terapia para reintegrarse a una sorprendente normalidad.
Varios personajes clave en la vida de ambos, sobre todo en la de Jacinto que son los que van marcando su carácter. Personajes muy bien definidos, en especial el de Trinidad a quien acabas encontrando cercana y cálida.
El fondo de la novela no son sólo las vidas de Jacinto y Jonás. Lo que hace que la novela fluya en sí misma es el por qué de la escritura. El escritor y la creación.
El punto de encuentro entre los dos personajes. Jacinto que se va vaciando agónicamente en el proceso de escribir sus novelas y Jonás que encuentra en ese mismo proceso un sentido de vivir, un arranque ante la vida que le espera postrado en una silla de ruedas.
“Como gran parte de mis personajes, tiendo a teorizar sobre casi todo. Puede parecer una aclaración innecesaria. Me refiero a afirmar que hago lo mismo que ellos, pero no le parecerá del todo inútil a alguien que haya probado la droga de la creación. Te sientes con poder. Este es uno de los efectos potentes de la adicción. Disfrutas de una falsa libertad que te permite traspasar la piel (la propia, la ajena y la inventada) para dentro y para fuera. Puedes construir un insigne intelectual siendo tú poseedor de un ramplón intelecto y viceversa. Puedes describir paisajes en los que nunca estarás y transformar lugares familiares en irreconocibles.”
Este es uno de los pasajes de la novela. Creo que todos los que tenemos esta adicción coincidiremos en que es muy cierta la opinión de Mariano en boca de Jacinto.
Pese a que la novela podría resultar triste, no lo es. Hay mucho sentido del humor entre sus líneas para contrarrestar, creo yo, lo penoso de la situación de ambos.
Las dos voces de la novela están diferenciadas. La de Jonás se va tornando esperanzada y la de Jacinto se encamina lentamente hacia la desesperación.
Creo que “La tinta azul de la memoria” es una novela muy bien escrita, que te va atrapando casi sin darte cuenta. Yo pensaba que la leería con tranquilidad, y no he podido. No he parado hasta saber lo que ocurría con Jacinto, por qué había llegado hasta ese punto final. Total, cinco días con el libro a cuestas a todas partes.
No es una novela facilona. Mariano no nos deja. El Mariano psicólogo profundiza en los personajes y te los va desmenuzando para que los conozcamos como si fueran viejos amigos.
Lo único que puedo añadir es que vale la pena que la leáis. Mariano tiene muy buena madera de escritor. Siempre es una lástimas que novelas mucho mejores que algunas de las que circulan por los estantes, se queden en la soledad de un trastero.
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